El Cerro El Chaltén “simboliza lo más preciado de las tradiciones aónikenk del pueblo Chónek.
Creados por Kóoche (Dios), vivían en estado salvaje, luchando mano a mano con las fieras, para procurarse el sustento y abrigándose en grutas. Un niño excepcional llamado Elal, que no era de su raza, es salvado de las garras de un gigante merced a la oportuna intervención del cisne (Kóokn) quien, en vuelo sin etapas, lo traslada de la isla donde había nacido a las yermas tierras patagónicas, depositándolo en la cima de la más hermosa e imponente cumbre patagónica: Chaltén, el Fitz Roy de la geografía actual. Pasa allí tres días, alimentado y protegido solícitamente por las aves que lo habían acompañado.
Librado luego a sus propios medios, tiene que luchar con tres enemigos que le acechaban para quitarle la vida: el frío, la nieve y el viento. Se defiende del primero golpeando unos pedernales y produciendo el fuego; del segundo, fabricando el toldo (kau) con pieles de guanaco, y del tercero, utilizando la capa (kai). Inventos que transmite a sus amigos los aónikenk, junto con el arco y la flecha para defenderse de las fieras. (...) El mismo protagonista, después de haber vivido mucho tiempo entre sus amigos, dándoles sabias normas de vida y de moral, fue a buscar a la hija del Sol, el lucero matinal (Kawó), conducido en forma de pajarillo por su propia madre, que se había transformado en un espléndido cisne de poderosas alas. Después de vencer tres sutiles ardides tendidos astutamente por el Sol, logró la mano de la doncella al colocarle el anillo misterioso que estaba oculto en lo más recóndito de una profunda caverna.
(1) Presbítero Manuel J. Molina,“ Manual Estrada 4º grado- Suplemento para la Provincia de Santa Cruz- Ángel Estrada y Cía S.A. 1986.